Monica Londoño
trabaja en la vieja técnica de tafetán simple unas formas que
procuran emular con la verdad de la naturaleza. Cruza, entrelaza,
entorcha, tensiona, violenta y ensambla los hilos, inspirada no en
las obras de tapicería de otros, sino en las torsiones de los
árboles urbanos, seres con los que siempre ha mantenido diálogo y
conmiseración, y cuyos troncos prisioneros del cemento y de la reja
la irritan.
Se graduó
en diseño textil artístico en el Centro de Diseño Taller Cinco
de esta capital, donde fue discípula de la escultora textil
uruguaya Kela Cremasky. Tiene una conviccion que quién sabe cómo
y cuándo se le había plantado en el alma: absolutamente todo en
el mundo se compone de un tejido. Desde entonces la vida se le
fue convirtiendo en eso, en un tejido, hasta el punto de que hoy
dice coloquialmente, aludiendo a las variadas materias primas de
su obra –desde fibras naturales, hasta alambre de púas, pasando
por chamizos y cañuelas de viejos telares-, “lo que me dé
papaya, lo tejo”.